Después de lavar ropa y limpiar
los baños, llegó a su primer puesto del santuario. Y con el tiempo instaló
otros, atendidos por sus hijas. Aunque el comienzo de su gran salto económico
sería la asunción como presidenta del Centro Recreativo Devotos Cruz Gil, una
(supuesta) asociación sin fines de lucro. Fue en 2013. Hoy una parte de su
capital es vox populi: algunos de sus vecinos y puesteros hablan de tres
hoteles, cuatro viviendas, campos, camionetas de alta gama.
Hasta la semana pasada, su nombre
apenas sonaba en la ciudad, de 40 mil habitantes. Pero el doble crimen de
Sergio Canteros (33) y su padre Julio César (64) la puso en el centro de la
escena a nivel país, ya que el Gauchito tiene creyentes en todas las
provincias.
Si bien no forma parte del grupo
de once detenidos que tiene la causa, el Gobierno de Corrientes decretó la
intervención del Centro y designó como interventor al comisario inspector
retirado Víctor Isnardo, por el término de 180 días. La familia de Canteros
sigue exigiendo el arresto de Ramona. La acusan de ser autora intelectual del
doble asesinato. En las últimas horas cayó una de sus hijas.
Según pudo saber Clarín, Villalba
sería una de las cuatro personas de la ex Comisión Directiva del Centro que son
investigadas por la Fiscalía Federal de Paso de los Libres, Corrientes.
La causa se inició en 2018 por
una llamada anónima al 145 que afirmaba que cuatro puesteros del santuario se
dedicaban, también, a la comercialización de drogas.
"Es todo mentira", se
defiende ella, quien advierte que el caso "está politizado".
En las tareas de inteligencia no
se pudo comprobar lo denunciado, pero se identificó a las personas y se llegó a
una conclusión: los bienes de Ramona no concuerdan con sus ingresos. Eso derivó
en una investigación por presunto lavado de activos, que se encuentra en etapa
de instrucción.
Para tener dimensión del dinero
que mueve el santuario, hay que conocer algunas cifras que consultó Clarín.
Solo durante los primeros días de enero, el predio recibe cerca de 200 mil
fieles. Es la "temporada alta".
"En esos 10 días, un puesto
chiquito puede facturar 1,5 millón de pesos. Un buen fin de semana largo, 300
mil", asegura una puestera con cerca de 30 años en el lugar.
Un puesto puede venderse a 5
millones de pesos. Ramona y su familia, que en total tendrían unos quince,
administraban los de mejor ubicación. Por lo que la recaudación sería mucho más
alta. Pero el principal ingreso que manejaban eran las donaciones de los
fieles: una cifra imposible de calcular.
Otro negocio que tenían era el de
las velas: si bien las venden todos los puesteros, la comisión es la única que
tiene permiso para quitarlas. Los promeseros las colocaban, pedían sus deseos y
se iban. La comisión llegaba detrás: las apagaba por la mitad, las retiraba,
las cargaba en una carretilla y comenzaban un proceso de reciclaje. Días
después recibían velas nuevas, que volvían a vender. Aunque solo en sus
puestos. El paquete de 3 velas cuesta cien pesos. No hay un solo visitante que
no compre.
"Otro fiel donó una
camioneta (Ford) Ranger. Maradona pasó de visita y dejó dos camisetas. Riquelme
y su padre, también. El Chino Maidana, Locomotora Castro y Látigo Coggi dejaron
sus guantes firmados en el museo. Goycochea regaló sus guantes del Mundial '90.
No quedó nada. Se vendió todo: las botellas de vino, los vestidos de quince y
de novia, oro, joyas y lo que se te ocurra de valor. Eso sí: la bandera que
dejaron los combatientes de Malvinas sigue. Lo que no se puede vender continúa
en el lugar", agrega
Los únicos que tienen acceso a
las donaciones son los miembros de la Comisión Directiva. Lo mismo con los
depósitos en efectivo en las alcancías o por transferencia de plataformas no
bancarias.
"Algunos fieles llaman a la
Comisión y preguntan qué se necesita y donan efectivo. O se acercan y te dicen 'quiero
donar 500 dólares'. El problema es que el santuario no tiene un baño digno, ni
iluminación. Llueve y nos inundamos todos. Y el promesero ni siquiera accede a
una parrilla para hacerse un asado. Ni siquiera se contrata a una enfermera: en
verano hace mucho calor y viene gente grande. La pregunta es dónde va a parar
el dinero", cuenta otro puestero, indignado.
Los inicios
Los más memoriosos recuerdan que
los primeros puestos (que en realidad eran simples mesitas) se instalaron entre
fines de los '80 y principios de los '90. Eran entre doce y quince: algunos de
Itatí (los mismos puesteros de la Virgen de Itatí) y el resto de Mercedes. En
su regreso a Buenos Aires, los proveedores que abastecían a los puestos de
Itatí se desviaban para pasar por Mercedes y ofrecer los primeros productos con
imágenes del Gauchito.
Trabajaban los fines de semana y
de lunes a viernes, de 20 a 23.30: en ese horario frenaban los colectivos de
larga distancia. Y si bien ofrecían cintitas y velas rojas, vendían todo tipo
de productos: chipá, café, gaseosas, yerba, casetes de música, pilas.
Durante años atendieron sin agua
ni luz, hasta que un diputado donó un grupo electrógeno. Con la crisis de 2001,
los fieles se multiplicaron. Lo mismo pasó con los puestos. La mercadería no
solo llegaba de Buenos Aires. Había proveedores de Paraguay y de Uruguayana,
Brasil.
"La ciudad se mantiene gracias a los
empleados estatales, los trabajadores arroceros y todo lo que genera el
Gauchito: con el tiempo se instalaron restaurantes, pizzerías, rotiserías y
hoteles en el centro de la ciudad, porque los visitantes comenzaron a quedarse
a dormir", detalla otro puestero. Entre la ciudad y el santuario hay ocho
kilómetros de distancia.
Los puestos crecieron en todo
sentido. Primero, en cantidad: hasta antes de la pandemia había 150 fijos. El
número aumentaba entre diciembre y marzo, los días 8, Semana Santa y los fines
de semana largos. Y pasaron a vender, además de todo tipo de productos del
Gauchito, juguetes, artículos regionales, cuchillería, artesanías, santería,
electrónica, ropa y polirrubro, entre otras cosas.
El clan Villalba-Astarloa
Aunque la personería jurídica del
Centro prohibía familiares directos en la Comisión Directiva, la lista que
tenía a Villalba como presidenta incluía a dos de sus hijas, un hermano, un
yerno, su marido, su concubino y hasta su mecánico de confianza.
"Muchos puesteros querían
asociarse, pero te daban vueltas", cuenta un mercedino. Y agrega: "No
anunciaban elecciones. Directamente comunicaban que habían sido reelectos. Los
puesteros no decían nada porque facturaban bien".
Hubo un momento que el santuario
se "conurbanizó". Fue cuando llegaron dos hijos de la familia
Astarloa. Vivían en Lomas de Zamora, y en Mercedes, donde residían sus padres,
formaron pareja con dos de las hijas de Villalba.
Son Samuel (preso por intento de
homicidio, y con al menos una fuga de la comisaría local) y Jonathan (detenido
por el doble crimen). El padre de ellos y Gisela, otra de sus hijas, también
fueron arrestados por los crímenes.
"Llegaron con la idea de
mostrar que 'acá mandamos nosotros'. Fue para 2015", calcula otro puestero.
"Empezaron a demostrarlo con una paliza a un puestero que era ex policía.
Lo lastimaron, lo echaron y se quedaron con el puesto. Al tiempo hicieron lo
mismo con otro. Fueron ganando terreno", señala
El puesto añade: "Nosotros
hicimos todo lo contrario a lo que pregona el Gaucho: nos callamos. No fuimos
solidarios entre nosotros, como colegas. Deberíamos habernos metido. Pero
nuestra cultura como correntinos es otra". Jonathan Astarloa era
protesorero de la Comisión.
Otro ingreso que administraban es
el de los alquileres. Cerca de treinta puesteros debían pagarle a la Comisión
(el resto no paga por estar en territorio de Vialidad nacional). En un
principio, Ramona les cortaba el agua a los que no pagaban. Pero como nunca
recibían recibos de pago, y para la Comisión era el negocio menos rentable, con
el tiempo se dejó de exigir el valor del alquiler.
El siguiente paso de los
Astarloa-Villalba fue construir puestos en el frente del santuario, tapando la
imagen principal del Gaucho. La actitud fue repudiada por la mayoría de los
fieles. En total, entre las dos familias, se estima que tenían cerca de quince
puestos, todos bien ubicados.
A algunos de sus proveedores les
prohibían venderle a otros puesteros. De ahí que ofrecían productos exclusivos.
Sus colegas los acusan de robos a puestos. Ellos eran los únicos que se
quedaban de madrugada. Durante la cuarentena varios fueron saqueados, y los
dueños perdieron entre 4 o 5 millones de pesos en mercadería.
El comienzo del fin fue el plan
de instalar nuevos puestos frente al santuario, del otro lado de la ruta 123.
Los construyeron al frente de las cinco propiedades de la familia
Rodríguez-Canteros.
El doble crimen
"Checho" Canteros,
después de discutir durante varios días con los Astarloa y los Villalba, se
cansó y derrumbó uno de los puestos. "Lo iba a atender Samuel, que está
por salir de la cárcel", le advirtieron. Realizó dos denuncias en la
comisaría local. Pero el viernes 6 lo asesinaron de 22 puñaladas.
La otra víctima fatal del ataque
fue su padre, Julio César, conocido como "Minto". Murió 48 horas
después. Un cuñado de Sergio y un tío de su mujer fueron heridos, pero se
recuperaron en el hospital.
Con la llegada del nuevo
interventor, los puesteros comenzaron a organizarse. Fijaron normas: se
prohibió la música a volumen alto, el consumo de alcohol mientras se trabaja y
los precios excesivos. El estacionamiento será a voluntad.
"La política es cambiar la
imagen del Santuario, y valorar al promesero. Nos da vergüenza leer sus quejas
en redes sociales", le confía un puestero a Clarín. Al parecer, se viene
un gran cambio. El rumor es que el Gobierno de Corrientes habló con las
autoridades de San Juan, con el fin de construir un paseo de compras y un
centro comercial como el del santuario de la Difunta Correa.
Fuente. Clarin





