El caso no aparece como un hecho aislado. Sobre corredores viales que cruzan ambientes naturales, la circulación vehicular convive con el desplazamiento de animales, lo que deriva cada año en la muerte de miles de ejemplares, incluso de especies protegidas. El aguará guazú, considerado emblemático en la región, figura entre los más expuestos junto a otras especies que pierden hábitat o quedan expuestas a la caza furtiva.
En Corrientes, los registros ubican a la provincia entre las de mayor cantidad de fauna atropellada, junto a Buenos Aires y Santa Fe, solo por detrás de Misiones. Aun así, en varios tramos críticos persiste la falta de señalización específica que advierta sobre el cruce de animales, sumado a la ausencia de controles regulares y campañas sostenidas que apunten a reducir la velocidad o generar conciencia.
El escenario incluye herramientas que ya cuentan con antecedentes en otras regiones: cartelería visible, pasos de fauna adaptados a cada entorno, controles viales en horarios de mayor circulación animal y difusión sostenida. Sin aplicación concreta, esas alternativas quedan fuera de la rutina de quienes transitan estas rutas.
Cada atropellamiento de estas características deja en evidencia un problema que se repite en el tiempo, en los mismos corredores y bajo condiciones similares, sin cambios que logren reducir su frecuencia.
Fuente. Diario época




